Las lámparas infrarrojas son fuentes de calor y luz especiales que calientan los objetos mediante radiación infrarroja, en lugar de calentar el aire circundante, lo que las hace extremadamente eficientes en lugares donde se requiere calor localizado. Su funcionamiento se basa en el calentamiento por filamento y la radiación de cuerpo negro, pudiendo emitir en los espectros infrarrojos cercanos (NIR), medios (MIR) y lejanos (FIR).
Entre sus usos más comunes se encuentran los tratamientos térmicos domésticos, como la relajación muscular, el alivio del dolor o la terapia de calor, ya que la radiación penetra profundamente en los tejidos. También son adecuadas para uso exterior o semi-exterior, como calefacción de terrazas, zonas cubiertas de restaurantes, invernaderos o pabellones.
La gama de productos incluye diferentes potencias (por ejemplo 100 W, 150 W, 300 W) y diseños variados, con ángulo de inclinación ajustable y modelos con temporizador. Estas lámparas suelen funcionar con 230 V y están disponibles con casquillo E27 o soporte de pie.
La ventaja de las lámparas infrarrojas es que su calor y luz se aplican de forma precisa, manteniendo un bajo consumo energético. Al elegir un modelo, es importante considerar el tipo de espectro (NIR/MIR/FIR), la potencia, la capacidad de ajuste, el ángulo de inclinación y el grado de protección, para garantizar una solución duradera y eficiente.